El martes, los niños paseaban por las calles de la mano de sus padres.Los pequeños caminaban contentos, embelesados con esos juguetes que formaron parte de una lista de deseos y que ayer, por fin, se hicieron realidad. Los mayores parecían ya más cansados, algo lógico tras un mes de celebraciones, compras, comidas, cenas y compromisos. Y más aún si pensamos que seguramente llevasen en pie desde horas tan tempranas que ni las calles estaban puestas.
Yo, como una niña más, bajaba ayer cargada de sorpresas a casa de mi abuela que, como cada año desde que nací, celebra una comida en su casa en honor, no sólo a mi fecha favorita del calendario sino además, para celebrar su cumpleaños.
No ha habido ni un solo 6 de enero que no haya sentido nervios, emoción o sorpresa al despertar y ver que paquetitos de mil colores y tamaños se disponían alrededor de un árbol que, en breve, sería despojado de sus galas navideñas hasta el año siguiente.
Después de abrir paquetes, desayunar con roscón y chocolate, nada mejor que una comida de esas que le gusta practicar a ella de un tal "Carlos Arguiñano" del que parece ser pinche o discípula pues cada año consigue perfeccionar más sus inventos.
Hoy todo ha terminado. Se dan por finiquitadas las navidades y con ellas se pone punto y final a las vacaciones, las cenas con la familia al completo, amigos o compañeros de trabajo y las luces que llenaban de luz las calles comienzan a ser almacenadas para recordarnos que, un año más, hay que despedir a uno de los meses más gastones, mágicos, tristes, felices, duros y completos del año.
Ahora las rebajas invernales nos tientan a engordar esa cuesta de enero que, este año más que ninguno, parece estar más desnivelada que nunca. Sin embargo ahí quedan las caras de sorpresa, la felicidad, los buenos deseos y nuestros propósitos para que este 2009 sea como mínimo igual que el anterior.
Hoy todo ha terminado. Se dan por finiquitadas las navidades y con ellas se pone punto y final a las vacaciones, las cenas con la familia al completo, amigos o compañeros de trabajo y las luces que llenaban de luz las calles comienzan a ser almacenadas para recordarnos que, un año más, hay que despedir a uno de los meses más gastones, mágicos, tristes, felices, duros y completos del año.
Ahora las rebajas invernales nos tientan a engordar esa cuesta de enero que, este año más que ninguno, parece estar más desnivelada que nunca. Sin embargo ahí quedan las caras de sorpresa, la felicidad, los buenos deseos y nuestros propósitos para que este 2009 sea como mínimo igual que el anterior.


4 comentarios:
Ummm, no sé yo si debería opinar ya que no estoy ni-de-coña a la altura pero leyéndonte me ha venido a la cabeza una conversación que tuve con nuestra amiga común la bellísima María Polo. El caso es que estuvo haciendo un curso de escriturar de-no-sé-qué y me comentaba que le habían dicho que su estilo de escritura era muy periodístico... escribió un cuento y le salió un artículo, lo cual a mi me parece magnífico... aunque casi todo de ella me lo parece y es que hace tiempo que decidí negarme a la imparcialidad con ciertas personas.
El caso es que leyendo tu post he tenido también la sensación de crónica.. y me he acordado de María que por cierto, está la pobre mala con fiebre y desde aquí le envío un beso.
Es un placer leerte.
Asi me gusta: que le des cañita al blog!
Pues parece que nos hemos quedado otra vez si en concierto de Ivan ferreiro. . . . proxima fecha: xx/xx/2010 ¿? jaja
Me encanta como has sintetizado!!!!
Un saludo y feliz año nuevo!
Nacho, sí! María escribe genial! Lo sé, la pobre anda pochita.
Un besoooo! y gracias por tus comentarios!
Jim... esto ya es un cachondeo... Lo de la Riviera es de coña! Iván debería hacer el concierto en su casa y tomarnos con él unas birritas! jajaja Esperemos que encuentren dónde hacerlo... sniff sniff
soyborderline muchas gracias!!! Feliz año para ti también!! un besazoooooo
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