jueves 18 de diciembre de 2008

El cuatro

El número cuatro es la expresión de la perfección.
Lo usamos a diario en teléfonos, cajeros, ordenadores, mandos a distancia, ascensores o calculadoras sin pensar en él.
Cuatro son los lados que forman un cuadrado perfecto, imposible de romper. Símbolo que representa la seguridad, el equilibrio y la solidez.
Agua, tierra, fuego y aire son los cuatro elementos, tan diferentes pero tan complementarios que es imposible pensar en el primero sin pensar en el segundo, el tercero o el cuarto.

Cuatro son las estaciones del año, las fases lunares y los puntos cardinales. Pero también es el número de mis películas favoritas, del piso en el que vivo, de los componentes de mi grupo musical preferido, de esa silla imposible dada la vuelta, de las hojas que conforman el trébol que tengo escondido en mi libro favorito.
Y pese a que en la cultura china y japonesa sea considerado un número de mala suerte, como lo es el trece para el mundo occidental, el cuatro es un número mágico, un talismán, y ellas, que son 3+1, lo saben.

martes 9 de diciembre de 2008

Miradas

Acción y efecto de mirar.
Así define la RAE a una de las mejores palabras del diccionario.
Es el término más completo de cuántos pueblan nuestro maravilloso léxico porque ella misma puede englobar un millón de significados.

Hay miradas que matan, miradas que asustan, miradas tiernas, cómplices, comprensivas, desgastadas, tristes, agotadas, dolorosas, alegres, enamoradas. El abanico de sentimientos y pensamientos que se pueden transmitir con tan solo una mirada es infinito.

Muchas veces vale más eso, una mirada, que la mejor retórica del mundo porque... “una mirada vale más que mil palabras”.




"...y lamentas con miradas
lo que no se puede ni explicar

lo que no has guardado
por que al no ser lo esperado
no quisiste ni archivar
ni un solo momento ni un segundo odiado
de este amor impuro y agotado
enfermo y delicado
pequeño y despistado que se apaga..."

martes 2 de diciembre de 2008

Expresar lo inexpresable


Emoción. Nervios. Ilusión. Alegría. Euforia.
Eso es lo que siento cuando espero que de comienzo un concierto. Soy así de simple.

No soy miembro de una banda ni tan siquiera me he subido a un escenario. Pero cuando las luces se apagan, la gente jalea y los primeros acordes comienzan a sonar, la felicidad me invade y siento que, durante casi dos horas, no existe ningún otro lugar en el que me pueda sentir mejor.

No soy entendida en música y probablemente mis gustos musicales escandalizasen al más erudito en la materia. Sin embargo, yo sigo empeñada en seguir disfrutando de cada letra, cada melodía, cada canción porque como dijo Aldous Huxley “después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”.